¿QUIÉN SERÉ MAÑANA?

La incertidumbre forma parte de nuestra existencia originando una inseguridad común a todos los seres humanos; al fin y al cabo, nadie sabe lo que puede suceder en el futuro a ciencia cierta. Podemos elucubrar sobre situaciones cotidianas pero desde un punto de vista muy simplista.

Pues bien, imaginemos por un momento que esa incertidumbre se convierte en parte de nuestro día a día condicionándolo por completo. Te acuestas con la duda de cómo te vas a levantar al día siguiente (más triste y apático o más animado y tranquilo). Por tanto, es innegable que tu estado de ánimo condiciona muchos aspectos importantes de tu vida ¿cómo vas a mantener un trabajo padeciendo esta inestabilidad emocional? ¿cómo vas a hacer planes de futuro? ¿qué metas o proyectos te puedes plantear? Todo esto requiere de un equilibrio, de una firmeza y constancia que las personas que padecen un trastorno mental  (como el trastorno bipolar) en principio no tienen. Ante este panorama, es inevitable pensar que tus oportunidades están muy limitadas.

A lo largo de mi vida, me he imaginado en multitud de escenarios (unos más realistas que otros…) en los que me veía a mi misma como directora de cine, profesora, empresaria, actriz, escritora, maquilladora…profesiones que poco o nada tienen que ver las unas con las otras. Nunca tuve las ideas claras, no me conocía y creo que sigo sin conocerme y en consecuencia se hace muy complicado saber a qué me quiero dedicar. Probaba una cosa y rápidamente cambiaba de opinión. He tenido multitud de trabajos (canguro, profesora particular, recepcionista, secretaria, asistenta…) e igualmente no he sido capaz de mantener ninguno de ellos por más de dos años, incluso por más de una semana (me sentía incómoda, no me llenaban lo suficiente o no quería relacionarme con los demás). Sentía que pasaban las horas y estaba perdiendo tiempo de mi vida en hacer algo que no me gustaba, que incluso odiaba. Y aquí muchos pueden pensar ”ya bonita…a nadie le gusta levantarse a las 6 de la mañana y trabajar 8 horas diarias pero es lo que hay” porque todos necesitamos un sustento económico. Y no les quito razón.

Observo cómo el resto de personas siguen adelante con sus trabajos a pesar de los inconvenientes y no puedo evitar sentirme un bicho raro. Esto puede resultar difícil de entender para quienes nunca han padecido ansiedad o depresión, incluso te pueden tachar de vago, de querer vivir la vida fácil pero no se imaginan lo equivocados que están. A veces me gustaría despertar siendo otra persona, una más de tantos, alguien “normal” porque lo normal es bueno y lo raro malo ¿O NO?

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